Archivo de la etiqueta: Laudes

Horarios Semana Santa 2016

Domingo de Ramos

  • 11:30: Procesión de la borriquilla desde la Capilla del Cristo de Santa Ana
  • 12:00: Eucaristía Solemne en la Iglesia Parroquial.

Miércoles Santo

  • 19:30: Recepción de los Santos Oleos

Jueves Santo

  • 10:30-13:00: Confesiones
  • 19:00: Misa de la cena del Señor
  • 22:00: Hora Santa

Viernes Santo

  • 10:30: Laudes
  • 17:00: Celebración de la pasión del señor
  • 19:30: Procesión del encuentro.

En la procesión las mujeres saldrán de la Iglesia Parroquial mientras que los hombres harán lo mismo desde la capilla del Cristo de Santa Ana.

Sábado Santo

  • 11:00: Oficio del Mediodía del Sábado Santo en rito Hispano Mozárabe
  • 22:00: Vigilia Pascual

Domingo de resurrección

  • 12:00: Misa Solemne

Este domingo no habrá misa de nueve.

¡esperamos contar con todos vosotros!

 

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Meditación en los Laudes del Viernes Santo

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Toda la liturgia del Viernes Santo nos invita a mirar a la Cruz. Sobre todo la Celebración de la Pasión del Señor, en la que la adoraremos, pero también la de estos laudes, la oración de la mañana que estamos rezando.

Merece la pena pararse a buscar un sentido más profundo a la lectura breve que acabamos de leer y que también escucharemos por la tarde. En ella, Dios, por boca del profeta Isaías habla ya, varios siglos antes de su nacimiento, de Jesucristo como el siervo del Señor. En este cántico, se nos presenta a Jesús como el siervo del Señor que sufre, que padece por nuestros pecados.

En efecto, esto es lo que hoy celebramos y actualizamos, la muerte de Jesús en la Cruz por nosotros, por nuestra Salvación. Este es el éxito de Jesús que se nos anuncia en esta lectura: que es capaz de entregarse al Plan que su Padre tiene para Él y que no es otro que destruir la muerte con su muerte y nuestros sufrimientos con sus sufrimientos.

Pero la lectura no acaba con el éxito del siervo de Dios. En cambio, nos habla de que muchos se espantarán de Él porque no tiene aspecto humano, está desfigurado. En realidad, es muy difícil ver a Dios humillado, destrozado, lleno de llagas, de heridas, coronado de espinas, clavado en la Cruz y traspasado por los clavos y la lanza. No entra en nuestra cabeza que el Hijo de Dios, de quien lo más lógico sería esperar que viniera a librarnos de todas nuestras angustias y sufrimientos con un milagro, algo mágico, haya sido puesto en una cruz, el peor tormento posible. Así, san Pablo ya nos dice que la Cruz es vergüenza para los judíos, que nunca hubieran pensado que su Mesías, quien iba a salvar a su pueblo, acabara condenado a muerte por los romanos, el pueblo invasor. Y escándalo o necedad para los paganos, que no entienden como algunas personas pueden seguir a un hombre que ha muerto de una manera tan cruel, tan odiada por los romanos, a los que estaba prohibido condenar de este modo.

En verdad, estamos ante algo inenarrable, inaudito, que asombra a muchos por su crueldad, por su misterio o por ser algo inexplicable. Pero a nosotros nos debe asombrar por el gran amor por la humanidad que Jesús demuestra en la Cruz, por la misericordia infinita que brota del Corazón Sagrado de Cristo. El sentido de la Cruz, desde que el Señor colgó de ella ha cambiado. Ya no miramos a un madero maldito, sino a Dios, que quiso hacerse hombre y asumir nuestra condición para salvarnos y dar un nuevo sentido a nuestra vida. Es en la debilidad de Cristo, clavado en la Cruz, donde actúa el amor y el poder de Dios. Lo que parecía el final se ha convertido en el comienzo de una nueva humanidad. Una humanidad que aprende, precisamente en la Cruz, que el verdadero amor y la verdadera dignidad del hombre está en la entrega a los demás, en darse a los demás sin medida, en abrirse al dolor del otro, en tener siempre una palabra de amor y perdón. Que de la Cruz saca que, donde Dios actúa, es en la debilidad, dando fuerza al hombre para seguir adelante en la vida.

En la Cruz está nuestra vida, nuestra fuerza como cristianos y nuestra salvación. Que en este día hagamos nuestra la Cruz de Cristo en la que el Señor sufrió por nosotros y que seamos conscientes de que Jesús asume en el árbol de la Cruz, como se refiere a Ella la liturgia de hoy, todas nuestras penas y nuestros sufrimientos. Dejémoslos todos en el madero a Jesús, que carga con ellos. Porque la última palabra no la tiene el dolor, sino la alegría de la Resurrección.

Meditación en la oración de Laudes del Viernes Santo

Pola de Siero, 3 de abril de 2015